martes, 3 de enero de 2012

Me estoy buscando en tus palabras,
intentando encontrar el reflejo que no me reflejas,
la calidez que no me llega,
como si algo se menguara,
y yo siempre estuviese del otro lado del río.

En ese transito de corazones, en la voz que despierta una calle,
en la mirada del desconocido... que al mirar bien dentro... deja de serlo.

Pero yo sigo del otro lado,
en mis ilusiones, o alucinaciones,
he dado paso, a los pasos...
recordándome de vez en cuando,
la visión de un llano, que sigo donde mismo,
aun cuando todo sea distinto.

Voy en el mismo tren como dices,
solo cambie de pasajero, como me acusas,
pero todos vamos en el,
lo que hacemos es cambiar de vagón,
y esa gente que estuvo antes sigue allí,
sólo que mutuamente nos hemos dejado de ver, lo que no implica dejar de sentir.

Porque me atrevo y no,
porque llevo mucho tiempo de pie en mí lado de la orilla,
como si consagrarse a un lugar,
fuese a mover las paredes que no me dejan avanzar,
o no me dejan o los dejo,
o no nos dejamos mutuamente,
tanto se acostumbra el rehén a su cautiverio,
como nosotros a nuestros miedos.

domingo, 11 de diciembre de 2011

No puedo disfrutar de esta felicidad,
porque los tiempos del hombre,
indican que la razón no ha primado...

Las miradas recelosas,
limitan la expresión de mis risas,
nuevamente queriendo ser encerrada,
como quien contiene al mar en un vaso de agua.

¿Quién abrirá la tregua?
esa que pido y exijo,
¿A quien no le dolerá este riesgo?
quién aplaudirá ... dejando salir la voz que habita en mi interior...

El que no pida vuestra aprobación,
es peor pecado, que el hecho en sí,
el que me halla guiado la intuición,
es todavía peor...
le temen a lo que despierta mi visión,
no pueden refugiarse...
el reflejo de lo que desearían ... soy.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Siempre alguien argumenta
-...Pero, si yo amo a alguien, y lo amo con todo mi corazón, ¿no es cierto acaso que no puedo vivir sin él?

Y yo siempre contesto:
No, la verdad que no.

La verdad es que siempre puedo vivir sin el otro, siempre, y hay dos personas que deberían saberlo: yo y el otro.